Romina Soliani: «El vino es el puente, pero la protagonista es la mujer»

Romina Soliani: «El vino es el puente, pero la protagonista es la mujer»

A dos años del nacimiento de un proyecto que busca visibilizar el rol femenino en la industria, Romina Soliani, comunicadora y sommelier, nos cuenta cómo Vinólogas se transformó en un espacio de disfrute consciente, conexión emocional y pausa en la vorágine cotidiana.

En el marco del Mes de la Mujer, Soliani propone para este 4 de marzo una experiencia introspectiva junto a Loli Urquía (Bodega Urqo). Una noche para descubrir el vino como un puente hacia la identidad femenina, el liderazgo y el disfrute consciente.

 

  1.  Vinólogas nació como un espacio para visibilizar el rol de la mujer en la industria del vino. Dos años después, ¿cómo sentís que evolucionó el proyecto y qué cambió desde aquel primer encuentro en Diez Dingos?

Vinólogas nació para visibilizar a las mujeres detrás de cada botella, partiendo de la premisa de que los vinos se parecen a quienes los piensan y sienten. Y en este sentido cada botella transmite no sólo un saber cultural antiquísimo, sino la esencia de cada persona, sus conocimientos, su sensibilidad y creatividad.

Y precisamente dar espacio a estas historias de las mujeres, las que no siempre han tenido eco en el rubro – algo que hoy está cambiando cada vez más-, fue el impulso para la creación de Vinólogas.

A partir de ello, proyecté que seamos un espacio de pertenencia para las mujeres que disfrutan el vino en todas sus formas.

Desde aquel primer encuentro en Diez Dingos, y al sentir el entusiasmo de las mujeres interpeladas por “ese algo nuevo que resonaba”, entendí algo: no sólo estábamos contando historias, estábamos creando un espacio propio.

Y fue así que poco a poco, el proyecto fue construyendo comunidad: hoy no hablamos sólo de la mujer en la industria, sino de la mujer que se elige, y de lo que sucede cuando cada una se sienta a una mesa a conectar con su copa y con sus pares.

  1. En este tiempo realizamos eventos en distintos espacios y formatos. ¿Qué aprendizajes te dejó esa expansión y cómo fue creciendo la comunidad de Vinólogas?

Realizar eventos en distintos espacios me enseñó algo clave: el lugar cambia, pero la energía no. Y considero que ello va ligado a la autenticidad de la propuesta, que es lo que hace que la comunidad la siga.

Y en cada uno fuimos probando formatos, considerando la necesidad de las vinólogas, y en ello hubo mucho aprendizaje, sirvió para inspirar nuevos ciclos de encuentros. Si bien la idea de estos no es ser masivos, sino más bien significativos y exclusivos.

Pero la búsqueda de la profundidad de la experiencia, hace que muchas mujeres vuelvan, vengan con amigas, nos elijan para celebrar sus cumpleaños. Eso es lo que más me emociona: que Vinólogas se haya convirtiendo en ritual.

  1. ¿Qué tiene hoy Vinólogas que quizás no imaginabas cuando lo empezaste a cranear? ¿En qué se transformó el proyecto?

Cuando lo imaginé, pensaba en catas temáticas con foco en productoras mujeres. Hoy es mucho más que eso. Vinólogas se transformó en una pausa consciente compartida, en la que suspendemos por un rato las preocupaciones, las obligaciones, la vorágine del día a día.

Hoy es un espacio donde el vino es el puente, pero la protagonista es la mujer que se permite estar, sentir y conectar con sus momentos, un espacio de encuentro y reencuentro real; un espacio de disfrute consciente entre mujeres.

En definitiva, un espacio en donde el foco del disfrute del vino es desde otro lugar: no pasa por ser explicado, sino vivido.

No imaginaba que las mujeres me dirían: “hacía tiempo que no me regalaba una noche así”. Con lo que hoy también es un espacio emocional.

  1. ¿Sentís que también cambió el perfil de las mujeres que se acercan a tus encuentros? ¿Qué buscan hoy cuando participan de una experiencia como esta?

El perfil no cambió, siguen siendo mujeres que disfrutan de encuentros y momentos para nosotras, aunque hay eventos que resuenan más que a otras por sus temáticas y formatos.

Dentro de ese abanico hay público que sí viene a aprender de vino, pero se llevan además conexión. Y por otro lado, se han acercado mujeres que su interés no pasa tanto por “saber de vinos”, sino de compartir el momento. Hoy creo que lo que en general nuestras vinólogas buscan es desconectar del deber constante.

Ya no vienen únicamente a aprender sobre vino. Vienen a sentirse especiales. A compartir conversaciones reales. Y fundamentalmente, a regalarse tiempo.

  1. La próxima fecha, el 4 de marzo, se enmarca en el Mes de la Mujer y lleva el nombre “Vino & Esencia”. ¿Qué diferencia a esta propuesta de otras ediciones anteriores?

 “Vino & Esencia” es una edición más introspectiva. En el Mes de la Mujer, quise lanzar este nuevo ciclo que tendrá continuidad a lo largo del año, y que se trata de una experiencia con una profundidad distinta.

Es un espacio de encuentro donde lo que nos convoca no está solo en lo que probamos, sino en lo que descubrimos detrás de ese vino, de esa etiqueta: la esencia de la mujer que lo transmite en primera voz una protagonista de la industria del vino en una charla descontracturada, con una temática como hilo conductor, pero con mucha presencia y conexión.

Una forma de conocer otra arista del vino en la copa, a través de historias reales, experiencias, sensibilidades y emociones que nos interpelan como mujer, aunque en la sociedad ocupemos diferentes roles. Es así que este “Vino & Esencia” es una invitación a conectar con la identidad femenina, la claridad, la visión personal y el volver a una.

  1. En este encuentro participará Loli Urquía, fundadora y CEO de Bodega Urqo. ¿Por qué te interesaba sumar su mirada y qué aporta su historia al espíritu de las Vinólogas?

Sumar a Lola para mí es muy lindo porque ella transmite profundidad amalgamando cada saber que trasciende al vino, como escritora, como especializada en el Arte Tolteca, la meditación. Y para mí representa liderazgo femenino en acción. No solo dirige una bodega familiar dedicada a vinos de alta gama, un gran desafío: construye identidad y propósito en cada decisión.

Su historia aporta visión y coherencia, valores que dialogan profundamente con el espíritu de Vinólogas.

  1. Hablás del vino como “puente hacia la claridad, la visión y el poder personal”. ¿Cómo se traduce esa idea en la experiencia concreta de la noche?

Cuando hablo del vino como puente hacia la claridad y el poder personal, me refiero a la intención y al sentir detrás de cada experiencia de cada mujer que nos comparte su historia, sus luchas, su sensibilidad…correrse de lo solemne, de los flashes y portadas que alejan de lo más real. Se trata de lo que mencioné que hace un poco al todo del detrás de cada etiqueta.

En el próximo evento vamos a conocer parte de la esencia de Dolores y ese transmitir con cada vino, lejos de ser técnica vacía, es reflexión, es conversación consciente. Pero también escucha activa y presencia. Y en este sentido, el vino es un puente que no impone, invita.

  1. ¿Qué rol juega la gastronomía en estos encuentros? ¿Cómo pensás el maridaje cuando la experiencia va más allá de lo técnico y apunta también a lo emocional?

La gastronomía es parte del ritual, acompaña construyendo la experiencia y al vino.

El maridaje está pensado en la armonía con cada etiqueta, pero con platos no rebuscados, sino con ingredientes y combinaciones sencillas, confiando en la coherencia emocional y a la calidez de la chef Micaela de Urraza, de Casa DUM.

  1. En un contexto donde la cultura del vino sigue creciendo y diversificándose, ¿qué lugar ocupan hoy las mujeres dentro de la industria argentina?

Hoy las mujeres ocupamos un lugar cada vez más visible dentro de la industria del vino en Argentina,  ¡afortunadamente!, y hoy son la cara del liderazgo . Ya no es noticia que existan cada vez más enólogas, más fundadoras, más gerentas, más educadoras, más comunicadoras. Desde hace un tiempo a hoy, las mujeres toman decisiones importantes para el futuro del sector de igual a igual que un colega hombre. Y eso es hermoso que suceda, y que se visibilice.

Pero todavía estamos construyendo presencia con voz propia, desde cada rol ocupado en la cadena, con una visible diversificación. Por eso generar espacios como Vinólogas sigue siendo necesario, porque creo que cuando una mujer cuenta su historia, la mirada hacia la industria cambia y equilibra la balanza.

  1. Si tuvieras que definir hoy qué es una vinóloga, después de todo lo recorrido, ¿qué dirías? ¿Sigue siendo la misma definición que en 2024 o se transformó?

En 2024 quizás hubiera dicho que una vinóloga era una mujer amante, conocedora y más que apasionada por el vino.

Hoy es eso y mucho más. Una vinóloga es una mujer que se permite disfrutar con conciencia. Que entiende que el vino no es solo técnica ni estatus, ni saberes netamente sino experiencia compartida. Y fundamentalmente: una vinóloga es una mujer que se elige y descubre al vino como puente hacia su propio poder y disfrute.