El Bayeh, la expresión de la Quebrada de Humahuaca
La historia de Bodega El Bayeh comenzó mucho antes de que existiera la primera botella. Se remonta a 1925, cuando Boutrus Mansour El Bayeh dejó el Líbano para llegar a la Argentina en busca de un futuro mejor. Al desembarcar, las autoridades cambiaron su nombre por Pedro y deformaron su apellido a «Manzur», una modificación que acompañó a la familia durante tres generaciones. Recién décadas después, sus descendientes recuperaron el verdadero apellido, El Bayeh, que además significa «comerciante de frutos frescos», y lo eligieron para bautizar un proyecto que hoy busca expresar la identidad de la Quebrada de Humahuaca a través del vino.
Esa historia fue compartida hoy en La Plata por Rocío Manzur, integrante de la tercera generación de la familia fundadora, durante una presentación realizada en Miraflores. Allí repasó cómo aquel sueño que tenía su abuelo Pedro de elaborar vinos en Jujuy finalmente comenzó a tomar forma en 2018, cuando la familia decidió apostar por un proyecto vitivinícola propio y convocó al reconocido enólogo mendocino Matías Michelini para interpretar el enorme potencial de un terroir que hasta entonces había sido poco explorado.
Lejos de buscar recetas tradicionales, Michelini puso el foco en las antiguas parras de uva Criolla que sobreviven en la Quebrada desde la época de los jesuitas. Esa mirada dio origen a una colección de vinos que rescata variedades históricas y trabaja con una filosofía de mínima intervención, fermentaciones con levaduras indígenas y crianza en ánforas españolas de arcilla, vasijas de hormigón, fudres y barricas de roble francés, siempre con el objetivo de que cada etiqueta refleje fielmente el paisaje del que proviene.
La bodega trabaja actualmente con tres fincas propias, ubicadas entre Maimará y Huacalera, a alturas que van desde los 2.400 hasta los 2.700 metros sobre el nivel del mar. A esas parcelas se suma un trabajo conjunto con pequeños productores de Purmamarca, Tilcara y Maimará, quienes aportan las uvas para una de las líneas más representativas del proyecto. De esa manera, El Bayeh no solo elabora vinos, sino que también recupera la historia y el trabajo de familias quebradeñas que desde hace generaciones cultivan la vid en uno de los paisajes más singulares del país.
Los cinco sentidos en El Bayeh
Durante la degustación se presentaron dos de las grandes familias de vinos de la bodega. Por un lado, Pequeños Parceleros de la Quebrada, una línea elaborada con uvas Criolla provenientes de antiguos parrales de pequeños viticultores, donde cada etiqueta rinde homenaje a pueblos como Maimará, Tilcara y Purmamarca. Por otro, los Vinos de Finca, que expresan el carácter de parcelas propias como Finca Ollantay y la línea Trópico Sur, nacida en Huacalera bajo el intenso sol del Trópico de Capricornio y marcada por la amplitud térmica y los suelos pedregosos de altura.
Con una fuerte impronta familiar, una identidad profundamente ligada a la cultura de la Quebrada de Humahuaca y una mirada enológica contemporánea, El Bayeh demuestra que detrás de cada botella hay mucho más que un vino. Hay una historia de inmigración, de raíces recuperadas y de un sueño que atravesó tres generaciones hasta convertirse en uno de los proyectos vitivinícolas más interesantes del norte argentino.