Ana Vedia, la chef de los alfajores

Ana Vedia, la chef de los alfajores

Con una historia que la llevó desde la ingeniería hasta la alta gastronomía vasca, Ana Vedia encontró su verdadera pasión en un dulce argentino por excelencia. 

Al entrar en la casa de Ana Vedia, la escena parece la de un laboratorio de alta pastelería. Todo reluce: mesadas impecables, hornos pulidos, planillas de producción pegadas en las paredes. Ana y su hermana Antonella, de pies a cabeza vestidas de blanco impoluto, trabajan con precisión milimétrica. Es lunes, día de masas, y sobre la mesa se apilan bloques de manteca y productos de primera calidad, listos para transformarse en alfajores que combinan rigor profesional con la calidez de lo hecho a mano.
Detrás de cada alfajor de Ana Vedia hay una historia de viajes, desafíos y pasión por la cocina. Nacida en Comodoro Rivadavia y criada en Puerto Deseado, Ana Paula -su nombre completo-  eligió La Plata como ciudad adoptiva cuando llegó a estudiar a la universidad. Su familia paterna era platense, y vivió en la casa de su abuela. Aunque siempre supo que quería cocinar -de chica ya vendía empanadas y otras comidas-, también amaba las matemáticas. Por eso estudió Ingeniería y trabajó para una petrolera, hasta que un accidente en la ruta le marcó un antes y un después: “No sé cuántas vidas más tengo”, pensó.

Ese fue el click para cambiar de rumbo. Se formó en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), donde cursó dos años de cocina profesional y luego pastelería. Su talento y disciplina la llevaron, en 2022, a trabajar un año entero en el restaurante de Martín Berasategui, en el País Vasco, con tres estrellas Michelin. Pasó por todas las áreas: cocina, sala, recepción. También hizo un curso en el Basque Culinary Center de San Sebastián. Ese año fue una experiencia, según ella, transformadora: “Trabajar en un tres estrellas es hermoso, pero también terrible. Aprendés de todo y te exige al máximo”.

De regreso a la Argentina, en 2023, trabajó en cocinas de alto nivel como Aramburu y Don Julio, hoy ambas con estrellas Michelin. Sin embargo, su búsqueda iba por otro lado. Fue su esposo quien la animó a emprender con alfajores, y así nació su marca Ani Vedia, hace apenas dos años. Comenzó con unas pocas docenas semanales y hoy llega a producir hasta 63. Ella y Antonella trabajan de lunes a viernes en la cocina de su casa, con estándares profesionales, y Ana reparte personalmente los sábados en La Plata, Capital y donde sea que quieran probar sus alfajores.

SABORES QUE DESPIERTAN LOS SENTIDOS

Sus primeros sabores fueron negro, glaseado y nuez. Luego llegaron las versiones gourmet: caramelo salado, queso azul con membrillo en colaboración con Toro Azul, y el más reciente orgullo: el primer alfajor trufado del país, elaborado con cacao semi amardo al 60%, galleta ultra black y trufas negras frescas de Espartillar, Buenos Aires, y escamas de sal del Valle Salado de Añana, País Vasco.
Cada receta lleva varias pruebas hasta alcanzar el equilibrio justo, sello incunable presente en cada uno de sus bocados.

Cada alfajor está hecho a mano, con insumos de primera: harina Campodónico, chocolates Fénix, miel de Apícola San Juan, ganaches reales a base de crema. Y aunque los clásicos siguen firmes, Ana siempre explora: así nació el Dubai, con pistacho, para dar una masterclass en el IAG; o ediciones especiales para sorprender a sus clientes.

En cada bocado de los alfajores de Ana hay una complejidad única: capas de sabor y textura que conviven en armonía. La magia está en que, pese a esa riqueza sensorial, el resultado se presenta como un alfajor simple, sin pretensiones visuales, que sorprende por su profundidad en cada mordida. Esa es la esencia de Ana Vedia: transformar lo cotidiano en algo extraordinario.

Su portfolio también incluye sabores como Oreo y Frambuesa con chocolate blanco y sal rosa. Los pedidos -en cajas surtidas, con los sbores que cada uno desee- llegan con una postal que es un dibujo de la chef ilustrado por Pupé. Un encanto.

Este mes, entre el 15 y el 17 de agosto, participará en el Mundial del Alfajor en Costa Salguero, con su versión de queso azul y el glaseado. Y ya piensa en lo que viene: un alfajor helado para el verano y más creaciones fuera de carta, «porque siempre estoy viendo como despertar los sentidos con algo nuevo».

“Siempre hay que ir un poco más allá”, asegura Ana. Y en cada bocado de sus alfajores, se nota que lo dice en serio.